Es fascinante observar cómo Galder Varas ha perfeccionado la estructura de la comedia basada exclusivamente en la interacción. A diferencia de otros monologuistas que dependen de un guion estanco, Galder utiliza una metodología de escucha activa que le permite identificar patrones de incongruencia en las respuestas del público de forma casi instantánea. Si analizamos la cadencia de sus vídeos, el "set-up" no lo crea él, sino que lo extrae del espectador, y su mérito reside en la velocidad de procesamiento para generar el remate en menos de dos segundos. Es un ejercicio de agilidad mental que mantiene una retención de audiencia altísima, ya que el factor de imprevisibilidad es total. Un manejo de los silencios y el ritmo envidiable.