Propongo un debate: el periodismo actual, incluso el que se pretende alternativo, ha sacrificado la neutralidad en favor del activismo ideológico. Si bien la transparencia es valorable, la pérdida de la distancia crítica respecto a los temas de actualidad debilita la función del periodista como vigilante del poder, convirtiéndolo en un mero validador de sesgos preexistentes. ¿Consideran que la rigurosidad técnica es compatible con una línea editorial tan marcada o estamos ante el fin del análisis imparcial?