Resulta interesante analizar cómo la fragmentación del contenido en clips de menos de sesenta segundos está erosionando la estructura del humor narrativo tradicional. Lo que antes requería una construcción de personaje y un remate elaborado, ahora se ha reducido a la repetición de fórmulas virales y situaciones hiperbólicas que buscan la reacción inmediata. Mi tesis es que estamos perdiendo la capacidad de apreciar la comedia de situación genuina en favor de un entretenimiento puramente algorítmico que prioriza el volumen sobre la calidad. ¿Es este el fin de la sátira social inteligente en el ámbito digital?