Observando las narrativas sobre la migración, noto una fuerte idealización del concepto de "regresar a casa". Si bien la conexión con las raíces es innegable, ¿no es una perspectiva poco realista para muchos migrantes, especialmente después de años o décadas en el extranjero, esperar una "vuelta" a un estado anterior que ya no existe? A menudo, el país de origen ha evolucionado, y el propio individuo ha cambiado irreversiblemente. Esta disonancia entre la nostalgia y la realidad puede generar una carga emocional considerable. ¿Qué opinan al respecto? ¿Es una expectativa justa o una presión social innecesaria?