Quisiera abrir un debate técnico sobre la gestión de la reactividad en perros jóvenes. He observado que en muchos casos de perros que presentan conductas de miedo o agresividad defensiva antes de los 18 meses, existe una tendencia a aplicar protocolos de desensibilización sistemática sin considerar los picos hormonales propios de la adolescencia canina.

Desde un punto de vista puramente etológico, ¿consideran que es más efectivo priorizar la gestión del entorno y el control de estímulos hasta que el sistema endocrino se estabilice, o creen que la intervención directa sobre la conducta debe ser inmediata independientemente de la etapa de desarrollo? Me interesa conocer sus experiencias sobre si la maduración biológica facilita o entorpece la fijación de nuevos patrones de comportamiento, especialmente en razas con un fuerte instinto de guarda o pastoreo