Observando el panorama actual, parece que hemos entrado en un bucle donde la justicia es el único recurso ante la parálisis legislativa. Sin embargo, mi tesis es que esto, lejos de ser una victoria de la transparencia, indica una degradación irreversible de la separación de poderes. Si los tribunales se convierten en el único campo de batalla, perdemos la esencia del debate parlamentario y la responsabilidad política se diluye. ¿No estaremos pervirtiendo el papel de la judicatura al exigirle que resuelva lo que las urnas o los pactos no logran concretar? Me gustaría analizar si este fenómeno es una herramienta de control o simplemente la última defensa de un sistema que ya no sabe autorregularse